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El cine también va al baño | Blog: Es cine mamá... - Cine - Terra España
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Es cine mamá...

El cine también va al baño

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Muchos son los paralelismos que pueden formularse entre el mundo de la pareja y el cine: la tendencia al romanticismo, la preferencia por la intimidad a oscuras, la ilusión del happy end… Sin embargo, hay una conexión entre ambos universos que suele pasar desapercibida: el baño. Tanto en el cine como en los noviazgos, el baño se convierte en una suerte de tabú que pasa desapercibido por el bien de una idealizada irrealidad. Del mismo modo que no queremos imaginar a nuestra pareja haciendo sus necesidades, tampoco queremos perder el tiempo viendo al héroe de la película perder el tiempo en el baño. Es más, si por casualidad nos cruzamos con una escena de baño, lo más probable es que la cosa termine en drama sentimental o existencial, o lo que es peor, en un baño de sangre. Como homenaje a estos peculiares momentos, elegimos, de la mano de la revista británica Empire, las grandes escenas que transcurren en un baño.

8. El gran Lebowski (1998). Tres nihilistas, una bañera, El nota y un hurón. Los hermanos Coen necesitaron poco más que eso (que no es poco) para construir una de las escenas más descacharrantes de los 90. De hecho, la secuencia en sí tiene muy poco valor narrativo. No es difícil imaginarse a los Coen, en plan gamberro, discutiendo el modo de someter al bueno del Nota al sufrimiento más grotesco posible. Misión cumplida.

7. La mosca (1986). Todos tenemos nuestros momentos de introspección plantados ante el espejo del baño. Nos observamos, nos retocamos, analizamos los cambios (provocados por el paso del tiempo o por nuestra voluntad) y configuramos el modo en que queremos ser vistos por los demás. David Cronenberg, consciente de todo ello, creo uno de los grandes momentos del terror ochenteno desintegrando el rostro de Jeff Goldblum a golpe de tétrico arañazo. Se trata de una escena clave en la transformación de Goldblum de científico loco a díptero humanoide.

6. Algo pasa con Mary (1998). El horror: Ben Stiller se excusa par ir al baño en la casa de su acompañante al baile de graduación… y se atrapa con la cremallera del pantalón sus partes nobles. Para extender la agonía, los hermanos Farrelly nos ofrecen un primer plano del destrozo que luce cual amasijo de chicle masticado. Y para rematar la situación, la familia al completo aparece en ayuda del humillado malherido. Dolor infinito + frustración sentimental + escarnio público. ¿Se puede pedir más?

5. Trainspotting (1996). Una de las escenas más escatológicas de la historia del cine. A la búsqueda desesperada de un supositorio de opio, Renton (Ewan McGregor) se sumerge en la taza de baño más asquerosa de Escocia… y se teletransporta a un paraíso submarino lisérgico. Una salida de tono que no hubiera desentonado en la desquiciada Miedo y asco en Las Vegas de Terry Gilliam.

4. Amor a quemarropa (1993). De Pulp Fiction a Kill Bill, Quentin Tarantino ha escrito un sinfín de memorables escenas de baño, sin embargo, la que se lleva la palma es una secuencia de Amor a quemarropa, película dirigida por Tony Scott y escrita por Tarantino. En la escena en cuestión, la vulnerable pero aguerrida Patricia Arquette machaca al mafioso interpretado por James Gandolifini utilizando todas las herramientas de baño a su abasto (incluido un incendiario bote de spray).

3. Arma Letal 2 (1989). Un baño/bomba con contador de tiempo y sensor de movimiento. El más leve movimiento y tus partes nobles, junto al resto de tu cuerpo, quedarán volatilizadas. En la taza: el siempre sufrido Murtaugh (Danny Glover). Sujetando su mano: Riggs (Mel Gibson), el tipo más chiflado del cuerpo de policía, arriesgando su vida por su colega. Por una parte, esta escena marca el momento exacto en que la saga de Arma letal empezó a convertirse en una parodia de sí misma, pero al mismo tiempo es probablemente la secuencia más delirantemente divertida de la serie.   

2. Agárralo como puedas (1988). En el férreo código de la etiqueta diplomática, existe una suerte de ley sagrada que afirma que “lo que sucede en el baño debe quedar en el baño”. Pero claro, Frank Drebbin (Leslie Nielsen), probablemente el personaje más estúpido de la historia, no entiende de etiquetas. La escena: una conferencia de prensa de la Reina de Inglaterra completamente abarrotada. El craso error: Drebbin decide retirarse un momento al baño, con un micrófono encendido a cuestas. El resultado: la retransmisión pública del apoteósico solo miccionador de Drebbin.

1. Psicosis (1960). Sí, es verdad, no es ninguna sorpresa; pero al mismo tiempo es incontestable. Nunca 50 cortes de montaje dijeron tanto sobre la psique humana. Un cuchillo proyectado hacia un cuerpo humano, el gesto de terror, el territorio íntimo de la ducha convertido en escenario del horror más irracional y macabro, la sangre, el tiempo suspendido, la mueca de terror congelada… Tres de los minutos más memorables de la historia del cine transcurren en un baño gracias al gran Alfred Hitchcock.

Manuel Murillo Yánez Manuel Murillo Yánez

Manuel Murillo Yánez

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