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El mejor cine moderno en blanco y negro | Blog: Es cine mamá... - Cine - Terra España
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El mejor cine moderno en blanco y negro

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La aparición del cine en color suele situarse en el año 1935, aunque las primeras grandes producciones en color no llegaron hasta 1939, cuando filmes como El mago de Oz o Lo que el viento se llevó maravillaron a los espectadores de todo el mundo. A partir de entonces, el blanco y negro quedó como un formato del pasado, una estética que invocaba una cierta nostalgia, el recuerdo de una arcadia perdida. Muchos cineastas han seguido adscribiéndose al arte de la luz y las sombras; y hasta el día de hoy encontramos obras que utilizando, de forma consciente y expresiva, el potencial del blanco y negro. La última en sumarse al club es Blancanieves, la nueva película de Pablo Berger (Torremolinos 73), adaptación muy libre del popular cuento de los hermanos Grimm, ambientada en los años 20 en el sur de España y protagonizada por Macarena García, como la Blancanieves española, y Maribel Verdú, como su terrible madrastra. Para repasar los frutos que ha dado el uso del blanco y negro en el cine moderno, os presentamos, de la mano de la web Listverse.com, una lista de títulos memorables en los que el color brilla por su ausencia.

The Artist (2011, Michel Hazanavicius). Sin lugar a dudas, esta es la película que mejor ha sabido explorar y explotar la idealizada nostalgia por el cine de antaño. Planteada como un guiño simpático al cine silente (con guiños a Douglas Fairbanks y a títulos en color como Cantando bajo la lluvia o Vertigo), The Artist supo cautivar la mirada curiosa tanto del gran público como de los académicos del mundo entero: además de en los Oscars de Hollywood, la película arrasó en todas las premiaciones habidas y por haber. Llena de encanto naïf, interpretaciones encomiables y el perro más simpático del cine moderno, The Artist demostró que el blanco y negro sigue muy vivo.

Bajo el peso de la ley (1986, Jim Jarmusch). Este filme independiente norteamericano cuenta la historia del arresto, encarcelación y huida de tres convictos. La atenta y calmada cámara del gran Jim Jarmusch observa con atención a los personajes y sabe retratar de forma poética los escenarios del filme, ambientado en Nueva Orleáns y sus alrededores. La película es una rara avis: en lugar de centrarse en los planes de escapada (como suele ocurrir en el cine carcelario), el filme se centra primordialmente en la interrelación entre los personajes. Como bonus, el cantautor Tom Waits interpreta a uno de los protagonistas.

El hombre que nunca estuvo allí (2001, Joel y Ethan Coen). Esta es probablemente una de las películas menos conocidas de los hermanos Coen, pero eso no significa que no sea digna de revisión. El filme cuenta la historia de un hombre que intenta escapar de su insoportable rutina y tiene como protagonistas a Billy Bob Thornton, una jovencísima Scarlett Johansson y Frances McDormand. En realidad, la película fue rodada en color, pero (como era su intención inicial), los Coen decidieron estrenarla en blanco y negro para evocar más efectivamente los años 50.

Clerks (1994, Kevin Smith). Todo un clásico del cine independiente de los noventa. Para hacer la película, su director, Kevin Smith, decidió vender su colección de cómics y exprimir unas cuantas tarjetas de crédito. Rodó la película por 27,575 dólares y hasta el día de hoy lleva recaudados 3,1 millones. Clerks, filmada íntegramente en blanco y negro, cuenta las desventuras de un par de dependientes de un mini-supermercado en Nueva Jersey: sus líos con las chicas, con los clientes, los colegas… Una película que convierte lo cotidiano en extraordinario. 

Ed Wood (1994, Tim Burton). Cuando Tim Burton anunció que quería hacer una película en blanco y negro sobre la vida y obra de Ed Word (el peor cineasta de todos los tiempos), el estudio Columbia Pictures rechazó la idea. Finalmente, Burton acabó realizando el proyecto con Disney, que le ofreció libertad absoluta. La película, protagonizada por Johnny Depp, fue un fracaso relativo de taquilla, sin embargo, para muchos, se trata de la mejor película de la trayectoria de Burton.

El jovencito Frankenstein (1974, Mel Brooks). Protagonizada por Gene Wilder, esta película utiliza un primoroso blanco y negro para satirizar la obra cumbre del terror surgida de la imaginación de Mary Shelley. De hecho, algunos de los decorados usados por Mel Brooks para este clásico moderno del humor fueron los mismos utilizados en el Frankenstein de 1930. Y claro, para incrementar el tono nostálgico de la película, Brooks decidió utilizar, además del blanco y negro, elementos de transición propios del cine de los años 30: cortinillas, irises, fundidos a negro…

Manhattan (1979, Woody Allen). El genio de Nueva York decidió filmar en blanco y negro este poema fílmico a su amada ciudad porque, según él, así es como recordaba el Manhattan de su infancia. Según las declaraciones del director: “En Manhattan, creo que conseguimos capturar el espíritu de la ciudad. En la gran pantalla, la ciudad muestra su belleza, pero también su decadencia”. Cuando fue estrenada en video, Allen pidió que se mantuviera el formato original (panorámico) de la cinta, algo muy poco habitual a principios de los 80: toda una demostración del compromiso de Allen con la dimensión estética del filme.

Schindler’s List (1993, Steven Spielberg). Según Spielberg, la decisión de filmar la película en blanco y negro se tomó con la intención de dotar al filme de un aire intemporal. Las principales inspiraciones fueron el expresionismo alemán y el neorrealismo italiano. Al parecer, el trabajo en blanco y negro obligó a los diseñadores de decorados y vestuarios a readaptar sus diseños: fue necesario oscurecer paredes y vestidos para acentuar su contraste con la piel de los actores.

Toro salvaje (1980, Martin Scorsese). Este biopic del temperamental boxeador Jake LaMotta (Robert De Niro) fue recibido inicialmente con una cierta frialdad por parte del público y la crítica, pero hoy en día es considerado uno de los mejores filmes de la historia. Scorsese y el director de fotografía Michael Chapman optaron por filmar en blanco y negro para dotar de veracidad histórica al relato: la película transcurría en los años 40 y ambos recordaban los combates de boxeo de la época a través de fotografías en blanco y negro. Además, el blanco y negro permitió a la película diferenciarse de otros filmes pugilísticos de la época, como la célebre Rocky.

Manuel Murillo Yánez Manuel Murillo Yánez

Manuel Murillo Yánez

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