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Intercambios de pareja en la gran pantalla | Blog: Es cine mamá... - Cine - Terra España
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Es cine mamá...

Intercambios de pareja en la gran pantalla

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Más allá del morbo que lo rodea, el intercambio de parejas posee todas las cualidades necesarias para convertirse en un tema atractivo para el cine. 1) Contempla a numerosos personajes, normalmente cuatro o más, lo que garantiza un relato coral con diversidad de caracteres. 2) Garantiza numerosos giros argumentales: el descubrimiento, la ejecución, las consecuencias. 3) Pone contra la pared numerosas reglas sociales. 4) Su naturaleza semiclandestina lo convierte en la fantasía del voyeur, ¿y qué es el espectador cinematográfico, sino un voyeur? Pues bien, para todos esos espectadores a los que les llama el intercambio de parejas, llega a nuestras pantallas la comedia argentina Dos más dos. Dirigida por Diego Kaplan, la película presenta a dos parejas de amigos de 40 años que llevan estilos de vida muy distintos. Unos tienen un hijo de 14 años y una vida familiar organizada, mientras los otros no tienen hijos y llevan una intensa vida social. Una noche de celebración, los más liberales les confiesan a los más tradicionales que practican el intercambio de parejas… y que les encantaría compartir esa práctica con ellos. Y así se destaca la lujuria y la confusión.

 

 

En todo caso, como ya insinuábamos al principio, el intercambio de parejas no es algo nuevo en la ficción fílmica. De hecho, si rastreamos los orígenes y los hitos de su representación en el cine, llegaremos a una película fundacional en el tratamiento de la libertad sexual. Hablamos de Bob, Carol, Ted y Alice (1969), una comedia de Paul Mazursky que supo retratar las ilusiones y confusiones de una América en la que todavía resonaban los ecos del hippismo. Siguiendo una estructura similar a la de Dos más dos, la película estaba protagonizada por dos parejas, Bob (Robert Culp) y Carol (Natalie Wood) por un lado, y Ted (Elliott Gould) y Alice (Dyan Cannon) por el otro. Después de asistir a unas sesiones de auto-descubrimiento, Bob y Carol quieren que sus amigos compartan con ellos su nuevo estado de “iluminación”, basado en anteponer el “sentir” al “pensar”. Esta terapia sensorial desembocará, claro está, en un intercambio sexual que acarreará tanto gozo como enredos. En cualquier caso, vale la pena comparar la alegre ingenuidad de la película de Mazursky con la amargura de La tormenta de hielo (ambientada en 1973), en la que Ang Lee retrató la resaca de aquella era de (aparente) liberación.

Volviendo a un registro humorístico y situándonos a principios de los años 80, encontramos una comedia singular: ¿Y si nos comemos a Raúl? Dirigida, escrita y protagonizada por Paul Bartel, esta delirante sátira social ponía patas arriba los polos opuestos del conservadurismo y el liberalismo americano. Los protagonistas de la función eran una pareja mojigata que veía cómo sus sueños de prosperidad económica se derrumbaban cuando el marido perdía el trabajo. Era entonces cuando, por casualidad, la pareja descubría que podía forrarse asesinando a los swingers (practicantes del intercambio de parejas) que merodeaban por su edificio de apartamentos. Una empresa criminal que los obligaba a infiltrarse en la colorida comunidad de swingers.

Y del corrosivo desenfado de los 80 a los sombríos 90. La década arrancó con el estreno de la lúgubre Dobles parejas. En este caso, las parejas estaban formadas por unos tradicionales Kevin Kline y Mary Elizabeth Mastrantonio, y los más liberales Kevin Spacey y Rebecca Miller. Como suele ocurrir en estas películas, la pareja liberal iba seduciendo progresivamente a la más tradicional hasta incorporarla a sus fantasías sexuales. El problema, en este caso, es que detrás del juego se escondían motivos más siniestros y criminales, todos bien maquinados por el pérfido personaje de Spacey. Años más tarde, con la década tocando a su fin, nos encontramos con el estreno de Eyes Wide Shut, la película de Stanley Kubrick en la que Tom Cruise y Nicole Kidman nos sumergieron en un laberinto de paranoia e insatisfacción matrimonial. No se puede decir que el matrimonio Cruise-Kidman participe en la película en un intercambio de parejas; sin embargo, los sueños húmedos de ella y la odisea de él por los submundos de la perversión sexual crean, sin lugar a dudas, la ilusión de un intercambio.

Y entre estos dos dramas, una incursión más alegre en el mundo de los swingers (aunque con repercusiones también oscuras). Hablamos de Tres formas de amar (1994), donde el intercambio se producía entre tres partes perfectamente complementarias: 1) Un chica desinhibida (Lara Flynn Boyle) enamorada de un chico gay (Josh Charles). 2) Un chico gay enamorado de un tipo salido (Stephen Baldwin). 3) Un tipo salido enamorado de la desinhibida. Todo encajaba en este himno a la efervescencia hormonal de la juventud. Y siguiendo con los tríos con intercambio, el nuevo siglo empezó con la estimulante Y tu mamá también (2001), en la que Gael García Bernal, Diego Luna y Maribel Verdú daban rienda suelta a sus deseos y temores en un viaje de descubrimiento sexual y existencial.

Y para terminar, cerramos el apartado de intercambios de pareja con el documental Sex with Strangers (2002), en el que tres parejas revelaban los secretos más íntimos de su particular estilo de vida. Para estas parejas, la habilidad para hacer realidad sus fantasías sexuales sobrepasaba su deseo de ajustarse a las convenciones del matrimonio. En la película, se retrataban los diferentes momentos de la aventura sexual de los protagonistas: de la euforia de las fantasías cumplidas a la desesperación de una relación que se va rompiendo. Una puerta abierta a la realidad de un fenómeno que, pese a su presencia en la gran pantalla, sigue agazapado en los límites de la sociedad.

Manuel Murillo Yánez Manuel Murillo Yánez

Manuel Murillo Yánez

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