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16 de octubre de 2013 • 17:19

Sofía Cristo: "Es muy duro dejar de consumir"

"Los adictos somos mentirosos, manipuladores y muy listos", confiesa Sofía Cristo quien tras seis meses ingresada en un centro de desintoxicación habla por primera vez de su enfermedad

Sofía Cristo y Bárbara Rey
Foto: Terra
 

Pasados seis meses desde que Sofía Cristo decidió ingresar en un centro de desintoxicación y Bárbara Rey guardar silencio, madre e hija vuelven a posar ante la cámara para hablar por primera vez de la que en los últimos años se ha convertido, sin duda, en la etapa más dura a la que han tenido que hacer frente.

La joven Dj 'heredó' su adicción a las drogas de su polémico padre, Ángel Cristo, de quien dice se ha acordado mucho durante la terapia "por lo que tuvo que sufrir", víctima de su drogodependencia. "Mi padre nació con esta vulnerabilidad. Y yo igual",  así lo cuenta la propia Sofía en las páginas de la revista 'Lectura', donde arropada por la vedette ha mostrado la mejor de sus sonrisas, ahora que empieza a recuperar el control de su vida.

"Los adictos somos mentirosos, manipuladores y muy listos", advierte Sofía, quien consciente de que debía de ingresar para tratar su problema y tras desacreditar a su entonces pareja, Nagore, decidió contar la verdad. "Un día subí llorando a su habitación y le dije: "Mamá, necesito ayuda". Llevaba tres meses queriendo ingresar en algún centro", además asegura que las semanas previas de ser ingresada tenía miedo a dormirse, tenía arritmia y le preocupaba de manera descomunal que su madre pudiera encontrarla muerta. 

En cuanto al amor, la joven madrileña de cabello pelirrojo ha aclarado  que por lo pronto no está abierta a nuevos noviazgos. "Mi relación con Nagore está aparcada. Yo ahora tengo que mirar por mí misma y ella, por ella. Lo que me toca es estar sola". 

Orgullosa de la fuerza que ha demostrado en estos últimos meses, Sofía recuerda como fue la primera vez que decidió consumir cocaína. "Fue a los 15 años. El amigo del barrio se había convertido en camello. Me fui con él en el coche a dar una vuelta a Majadahonda y recogió a otro chico, que era muy guapo. El caso es que me gustó este chico y antes de ir a tomar algo me dijeron que si quería una raya. Esa fue mi primera vez", confiesa a sus 30 años. 

Ahora en su lucha por salir del túnel en el que se ha visto encerrada, Sofía intenta dejar en el olvido su estrecha relación con el mundo de la droga, una enfermedad de la que no pudo salir su padre y a la que ella está dispuesta a plantarle cara.

 

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