
En este mundo donde el prejuicio es rey, uno se suele imaginar que las iglesias se llenan de seres humanos angelicales que nunca han roto un plato en su vida. Ir a misa es como ser el niño bueno de la familia, el padre perfecto, la madre ejemplar. Sin embargo, en la casa de Dios, sea cual sea la religión, sea cual sea el Todopoderoso, se reúnen todo tipo de personas. Desde criminales hasta almas caritativas pasando por ladrones y… artistas de la talla de Fergie y de su marido Josh Duhamel. Ambos, a pesar de llevar una vida moralmente dudosa, intentan acudir a misa todos los domingos que puedan. Según el actor en cuestión:
“Cuando estamos en la ciudad, mi mujer y yo vamos a la Iglesia. Y sino, todos los domingos intento estar lo más relajado posible, ya sea viendo golf por la tele o preparando una barbacoa.”
Está claro que a ese hombre le faltaba cierto equilibrio en su vida, un equilibrio que, por lo visto, le ha aportado Fergie:
“Para mí era muy importante encontrar a alguien que me deseara éxito, que me deseara lo mejor, que me inspirase y me ayudase a ser mejor persona. No quería a alguien que por celos o resentimiento pudiese darte la espalda. Porque ya tuve malas experiencias en el pasado. Pero enseguida supe que Fergie era la mujer perfecta para mí. Es tan optimista y tiene tanta fuerza que sabía que junto a ella, evolucionaría como ser humano.”
Si no me equivoco, Josh Duhamel está comparando a Fergie con Dios. Ni más ni menos. Por lo tanto, meterse en la cama con ella es como subirse al altar. Sexo y espiritualidad. Dos por uno. Vaya chollo de mujer.
La Vie en Rose