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Jugar al ajedrez con velo: ¿un problema en el tablero?

17 feb 2017
09h40
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Para la mayoría es la primera vez que se cubre el cabello con el hiyab o velo islámico y que participa en un Mundial femenino de ajedrez en el que es obligatorio su uso. Esta prenda puede resultar incómoda, pero ¿afecta al juego o a la concentración?

Algunas jugadoras, como la campeona estadounidense Nazi Paikidze, prefirieron renunciar al torneo que se celebra estos días en Teherán y mostrar así su rechazo a la imposición del velo para las mujeres en Irán. Las que decidieron acudir, cuentan a Efe su experiencia.

"Fue un poco polémico por parte de las ajedrecistas porque no estábamos acostumbradas a jugar con esta prenda, pero creo que fue una experiencia interesante y así colaboramos a apoyar a que el ajedrez en Irán se desarrolle", opina la cubana Yaniet Marrero.

Marrero, para quien Teherán es su segundo campeonato mundial, cayó eliminada en la primera vuelta, pero no achaca esta derrota al hiyab sino al cansancio por el desfase horario y a que su rival era una de las más fuertes.

Para la ajedrecista cubana, el velo es "incómodo" pero "se puede llevar": "A veces me aprieta un poco y entonces cuando me muevo a los lados me siento incómoda a la hora de la partida", explica.

La rusa Anastasia Bodnaruk afirma por su parte antes de iniciar la partida que tras varios días se ha acostumbrado al hiyab y que este "no es muy incómodo".

Sobre la decisión de renunciar al torneo de al menos dos jugadoras, pese a estar clasificadas por ranking, las participantes consultadas pidieron respeto a las distintas posturas.

"Hay muchas personas que tienen creencias diferentes y eso quizá puede afectar su participación aquí. En mi caso, no me afectó porque no tengo ningún apego a esas cosas. Cada cual tiene su forma de verlo y hay que respetarlo", según Marrero.

Sus "creencias y valores" fueron determinantes para la cinco veces campeona argentina Carolina Luján, quien aseguró cuando anunció su renuncia que el velo "no es un simple código de vestimenta" y que ella no estaba dispuesta a ser obligada a usarlo.

En opinión de Bodnaruk, que como otras se recoloca de vez en cuando el hiyab, la decisión de las que boicotearon fue "posiblemente correcta" y estuvo fomentada porque en Irán hay "otra cultura y otra religión".

La polémica rodeó el campeonato desde que se anunció su sede, pero como apuntan las jugadoras el problema real del ajedrez femenino es la falta de patrocinadores, y en esta ocasión Irán fue el único país dispuesto a acoger el evento y sufragar gastos.

No hubo otras opciones, como ya argumentó la federación internacional de ajedrez (FIDE) y reconoce Bodnaruk, quien no obstante considera que Irán "no es el mejor lugar" para celebrar un campeonato de esta categoría.

El torneo, que comenzó el pasado sábado y se prolonga hasta el próximo 4 de marzo, se disputa con eliminatorias directas y la final a cuatro partidas.

La ganadora del Gran Premio FIDE 2015-2016, la china Ju Wenjun, y la campeona mundial de partidas rápidas y relámpago ('Blitz'), la ucraniana Anna Muzychuk, son primera y segunda cabeza de serie en Teherán y las favoritas al título.

La celebración del torneo por primera vez en Irán es una gran oportunidad para la República Islámica, como reconocen las participantes y la federación iraní de ajedrez.

La vicepresidenta de la federación, entrenadora del equipo nacional femenino y Maestro Internacional, Shadi Paridar, indica que Irán ha podido ser anfitrión de este Mundial porque "las mujeres no necesitan llevar ninguna vestimenta especial" en este deporte.

Sobre el velo, Paridar defiende en declaraciones a Efe que esta prenda "no causa ningún problema" y que las participantes pueden elegir entre distintos modelos para estar "más cómodas".

"En los torneos ha habido muchas jugadoras con diferentes tipos de hiyab e incluso algunas se presentan con gorras, así que esto no influye en su concentración", subraya.

Este Mundial de ajedrez fomenta además en Irán un juego que fue prohibido temporalmente tras la Revolución Islámica de 1979, hasta que el imán Jomeiní estipuló con una fetua (edicto religioso) que no contravenía los principios del islam.EFE

mv-ar/alf

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